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¿Hasta qué edad puedes ser un empleado de alto potencial?

Probablemente no lo veas escrito en ningún papel con el logo de la empresa, pero es un hecho que para muchas de las grandes compañías la edad es un factor clave a la hora de determinar el potencial de un empleado.

Sucede, de manera bastante extendida, que a la hora de apostar su dinero en una carrera, muchas empresas ven en un empleado situado en el primer lustro de los 30, un purasangre ganador, en el que está situado en el segundo, una caballo resabiado con alguna posibilidad, y en el que pasa de los 40, un jamelgo al que mejor colocar bajo el culo de un picador.

Vale, me habéis pillado, los 40 no me pillan lejos, pero no los vuelvo a cumplir hasta que me compre un Delorean con condensador de fluzo o hasta que mi avión de Sidney a Los Ángeles caiga en una isla con propiedades magnéticas que me permitan romper el continuo espacio-tiempo. Pero esto no es una reivindicación de cuarentón,  ese no es el quid de la cuestión, el quid, como casi siempre, está en la motivación.

 

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¿Qué tipo de empleado eres? ¿MI, ME, DI o DE?

Sí, ya los sé, clasificaciones de empleados hay muchas y han dado para escribir muchos libros.  Por eso  hoy no pretendo ni reinventar la rueda ni crear una nueva denominación, sólo posicionarme y, sobre todo, adoptar una terminología que sirva de referencia para futuros artículos.

Creo que en  la vida en general, y en la empresa en particular, si quieres predecir el comportamiento de una persona debes indagar en sus motivaciones.

En mi opinión hay dos tipos básicos de empleados: los motivados y los desmotivados.  Y no parece que haga falta que os gastéis dinero en una llamada al futurólogo Sandro Rey para adivinar cuál de estos pienso que conviene tener a tu lado en el trabajo.

Sin embargo, como diría el capitán Nemo,  no nos quedemos en la superficie. Hagamos un poco de inmersión, lo mismo nos llevamos una sorpresa.

 

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¿Qué es “En buena compañía”?

No llegamos solos a este mundo, sino en buena compañía.  Y nuestro nivel de felicidad a lo largo de la vida va a venir influenciado, salvo en el caso de ermitaños recalcitrantes, por las personas que tengamos a nuestro lado a lo largo de los años: familia, amigos, pareja, colegas del asilo…

Lo mismo sucede en la vida laboral.

La diferencia entre esa persona que el domingo por la noche adopta posición fetal en una esquina del sofá mientras contiene las lágrimas que luchan por asomar a sus ojos  y esa otra que prepara con ilusión y alegría sus adminículos laborales es, sin duda, la buena compañía.

Pero,  ¿qué es estar en buena compañía?

 

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