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Piense en ganar-ganar

¿Y si en lugar de pensar en lo que queremos obtener nos dedicamos a pensar por un momento en lo que podemos ceder? Pero no ceder en plan mínimas condiciones, ni con desidia, ni mucho menos con magnanimidad. Me refiero a ceder con generosidad de la buena, de esa que te produce picores en el cerebro antes de hacerla publica pero que te reconforta el corazón cuando ves la reacción de la otra parte.

¿Y si en lugar de tirar de nuestro lado de la cuerda cada vez con más fuerza decidimos soltar un poco para evitar que se rompa? ¿Y si empezamos a cambiar el egoísmo cerril por egoísmo inteligente? Ese que sabe perfectamente que llegar a un punto en el que todos ganan es la manera más fácil de asegurar tu porción de victoria.

¿Y si empezamos a pensar en ganar-ganar?

win-win

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Conciliación con satisfacción

El pasado 4 de septiembre tuve la oportunidad de experimentar qué es eso de llevarte a tu hijo a la oficina. He pensado que podría ser interesante compartir dicha experiencia aquí en el blog. Poner un poco de luz sobre un tema que muchos idealizan y que otros tantos ven incompatible con una jornada laboral normal.

Empecemos por la pregunta clave. ¿Lo recomendaría? Sin lugar a duda, sí. Aunque por supuesto no sólo hablaré de los “pros”, unos más obvios que otros, sino también de los “contras”, que ya aviso que no son demasiados.

conciliación

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No es lo mismo humildad que invisibilidad

Ay, las tradiciones, esa forma indirecta de educar. Ese modo de inculcar coordenadas inamovibles en nuestros mapas mentales. Esa estrategia, normalmente involuntaria, para tergiversar palabras y conceptos… como la humildad.

Estamos en Semana Santa, época particularmente representativa en lo que al mundo de las tradiciones se refiere. Aquí los cofrades utilizan capillo porque parece ser que el sacrificio debe ser anónimo. No voy a cuestionar esto, no quiero meterme a opinar en terrenos ajenos. Pero una cosa si tengo clara, que no te engañen, en tu vida laboral no debes ser un nazareno.

Humildad Nazareno

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Un globo, dos globos, tres globos…

Prometo que no lo hago aposta. No hablo como Gandalf cuando estoy con mi hijo, y no trato que cada frase contenga una enseñanza… ni quiero, ni puedo.

Pero ha vuelto a pasar , un comentario dicho de manera espontánea me ha llevado a una reflexión mucho mayor. Sucedió hace un par de semanas, cuando entró en modo llanto desconsolado porque un globo se le explotó.

Dije lo primero que vino a la cabeza, que resultó ser: “Hijo, los globos son así, hay que disfrutarlos cuando están hinchados, porque tarde o temprano acaban desinflándose o explotándose…” Hice una pausa, y una conexión se produjo en mi cerebro. Entonces concluí: “… como todo en esta vida”.

Globo

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Defectos que se convierten en virtudes

Dudo de la gente que afirma rotundamente que algo es de cajón si no se está refiriendo a una operación aritmética comprobable con calculadora Casio manual de las de toda la vida, de esas que llevan sobre su piel de plástico fórmulas tatuadas con compás.

La vida me ha enseñado que no hay verdades absolutas, todo es cuestión de perspectivas, de mapas mentales únicos y personales con los que interpretamos la realidad. Si tu verdad y la mía difieren acerquemos posturas o acordemos la imposibilidad de hacerlo. Mejor reconocer nuestra incapacidad para alcanzar acuerdos que ahondar la brecha que nos separa asiéndonos con fuerza a nuestra visión, siempre, voluntaria o involuntariamente, sesgada.

defectos y virtudes

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Dime cómo pides las cosas y te diré quién eres

El acto de pedir implica que por cuestiones de tiempo, de rentabilidad, de conocimiento, de contactos, o de cualquier otra índole, necesitas la ayuda de otra persona para alcanzar tus objetivos. Puedes ser el jefe más alto o el cliente más importante, pero el hecho es que por el motivo “x” que sea, recalco, necesitas ayuda.

Lo advierto desde el principio para dejar claro que en mi opinión lo que nunca debe faltar a la hora de solicitar algo a alguien es… humildad.

Saber pedir

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¿Formación online o formación presencial?

He aquí la cuestión que en muchos departamentos de Recursos Humanos se hacen cada vez que comienza el año.

No traigo una respuesta definida que ayude a decantar la balanza de un lado u otro, más bien lo que he traído es el estribillo de una canción de Jarabe de palo con su característica reiteración: depende, todo depende.

formación online

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La tentación de usar la formación como premio

Yo he caído en esa tentación con la formación, y posiblemente tú también. El presupuesto para subidas no te llega, y sabes que esa persona se merece una recompensa por el buen desempeño que ha tenido, así que le asignas un curso y se lo “vendes” como si fuera un extra en la remuneración.

Pues bien, creo que la mayoría de las veces eso es un error.

formación premio

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Hijo, aunque te peguen… no pegues

En los últimos meses han sucedido dos hechos que me han llevado a escribir el post de hoy. El primero me ha ocurrido varias veces, hablando con varios amigos, y a la vez padres, sobre las consignas que dan a sus hijos acerca del uso de la violencia en las aulas.

Todos ellos eran gente cabal, bien formada y bastante pacífica en su forma de entender el mundo, pero todos ellos coincidían en el mismo mensaje a la hora de preparar a sus hijos para la supervivencia en el colegio: “No hay que usar la violencia nunca, excepto si te pegan. Hijo, si te pegan, pega tú…”

El segundo hecho que me ha llevado a escribir este post es la certificación que estoy haciendo a través de LinkedIn sobre Conscious Business creada por mi admirado Fred Kofman.

no-pegues

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Lo importante no es participar, sino ganar-ganar

En los últimos meses tenía una pequeña preocupación: no me gustaba lo mal que encajaba las derrotas mi hijo. Yo, que voy de padre superguay, no tenía consciencia de haberle inoculado el virus de la competitividad, así que mi preocupación la hacía extensiva a la raza humana. ¿Es posible que traigamos este afán por ganar de serie? ¿Cómo es posible que un niño de 3 años, con toda su inocencia, se pille estos disgustazos cuando pierde aunque sea jugando a encestar piñas secas en una papelera?

Observando a los niños y niñas de su clase me di cuenta de que el mal estaba extendido, y me estaba convenciendo a mí mismo que los seres humanos tenemos este gen competitivo innato, no era una conclusión muy halagüeña, pero en cierto modo me tranquilizaba porque me exoneraba a mí de la responsabilidad como educador. Fue entonces, mientras España perdía contra Italia en el fútbol, cuando miré a mí alrededor y fui consciente de la información que como sociedad trasmitimos a las pequeñas esponjas que son nuestros hijos.

ganar-ganar

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