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Conciliación sin condición

El buen profesional merece conciliación sin condición. No es una exageración. El empleado debe ser el sujeto activo y no el pasivo a la hora de conciliar. Dime tú lo que necesitas y cómo lo has pensado organizar, y a partir de ahí busquemos una solución que satisfaga a todos por igual.

La conciliación es una pieza clave en la gestión del compromiso del empleado. Y no creo que la mejor empresa sea la que gane la subasta por ver quién ofrece más días, sino aquella que mejor sepa gestionar cada caso de manera individual.

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Las empresas son como las amistades, conoces cuales son las mejores en tus peores momentos. Nunca me ha gustado esa frialdad con que se suelta a un empleado aquello de “Tienes dos días por la muerte de un familiar de primer grado, uno más si tienes que desplazarte fuera de la ciudad”. Que te hablen de grados y kilómetros cuando tu mundo está patas arriba y hay un nudo en tu garganta que no te deja ni expresar lo que sientes, es, cuando menos, poco humano.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que cuando un empleado se ausentaba de la empresa era difícil comunicarse con él. Ese tiempo en que los jefes eran una figura lejana y el departamento de Recursos Humanos un rincón inaccesible al que se llegaba a través de burofax. Por suerte, los tiempos han evolucionado. Por desgracia las leyes y los convenios caminan, como suele suceder, unos pasos por detrás.

Que una empresa te dé la libertad para vivir un momento excepcional en tu vida de la manera que las circunstancias y, sobre todo, tus sentimientos te demanden, es algo que aumenta la gratitud y, con ella, el vínculo de cualquier empleado. Del mismo modo que no haber podido estar presente en un momento único y transcendental de tu vida por culpa de un compromiso laboral provoca una herida o un rencor difícil de cicatrizar.

Llevándolo a términos prácticos, ¿de qué sirve la presencia de alguien cuando su corazón y su cabeza están ausentes?

Para los más suspicaces. No estoy hablando de barra libre, ni de manga ancha. Estoy hablando de que en los momentos más transcendentales, aquellos que marcan la vida de alguien (nacimientos, fallecimientos, enfermedades graves…), lo primero es dejar a la persona implicada espacio para asimilar la situación, y lo segundo negociar el modo de conciliación en función de las necesidades de cada empleado. Una persona puede querer reintegrarse inmediatamente al trabajo porque es lo que le pide el cuerpo y otra puede querer alejarse por una temporada. Ambos sentimientos son respetables y cada uno necesita una solución distinta a pactar… no un copy/paste de un convenio en su buzón de email.

Al igual que decíamos que las mejores amistades y empresas se ven en los malos momentos, lo mismo sucede con los profesionales. Ya hablaba de esto cuando tratamos el “working from home”, aquellos que le niegan una oportunidad a aquellas ideas que dejan mayor poder de decisión en manos de los empleados por temor a que estos “le echen cara” y saquen provecho, están haciendo por un lado pagar a justos por pecadores, y, por otro lado, desperdiciando una oportunidad de oro de identificar el verdadero potencial de los miembros de su plantilla.

La libertad pone de manifiesto quién eres. Y mientras un buen profesional, incluso en las peores condiciones personales, sabrá encontrar un hueco para no dejar tirado a su equipo de trabajo, un jeta, revelará su condición claramente, si le damos más cancha, por ejemplo intentando sacar provecho de un mal trance. Dar libertad a los empleados facilita la labor de separar el grano del trigo.

Y luego está aquello de “tratar a alguien como quién quieres que sea”. Si pastoreamos empleados, y los tratamos como una manada, todos gobernados con la misma vara, con independencia de la situación y del comportamiento demostrado, probablemente consigamos tener empleados ovejas. Si por el contrario queremos contar en nuestra organización con profesionales maduros, que saben ver los problemas con perspectiva y tomar decisiones en las situaciones más difíciles… debemos tratarles como tales en todo momento, sobre todo, en los más importantes de su vida.

No vale en la conciliación café para todos (ni en casi ningún otro aspecto de la gestión humana) porque cada persona es un mundo, gobernado por un mar de emociones, únicas e intransferibles.

 

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Jesús Garzás

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