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Cuando la motivación muere en jaulas de oro

Hace unos años durante un almuerzo con un buen amigo, compañero de trabajo entonces y lector asiduo de este blog ahora, tuvimos un debate alrededor de la siguiente pregunta: ¿Prefieres estar pagado por debajo del compa-ratio o por encima de él?

Yo defendía la posición, supongo que insostenible desde el punto de vista puramente económico, que si tengo que elegir entre estar por arriba o por debajo… prefiero lo segundo. La razón, y de lo que trata el post de hoy, es que he visto morir la motivación de mucha gente en su jaula de oro. Y no hay mayor pobreza que la pobreza de ánimo.

motivación baja

He dudado bastante a la hora de ponerme a escribir este post porque las conversaciones sobre salarios en un panorama como el de nuestro mercado de trabajo pueden sonar un poco frívolas. Pero el contexto de este blog es uno muy concreto, las buenas compañías, y en estas empresas creo que sin duda uno de los grandes retos que existen es acabar con esos zombies laborales que se dejaron morir poco a poco en brazos de su rutina, en la mayoría de los casos al sentirse rehenes de su sueldo.

Nuestro salario no deja de ser una zona de confort. Teniendo trabajo y un sueldo razonable dentro de los márgenes de mercado, ganar unos miles de euros al año más o menos no va a alterar nuestra calidad de vida. Sin embargo tenemos la tendencia de adaptar nuestros gastos a nuestros ingresos y cualquier eventualidad que menoscabe estos nos supone un drama… que desde mi punto de vista en realidad no suele serlo tanto, y , desde luego si lo es, lo normal es que lo sea sólo a corto plazo.

Cuando alguien gana un sueldo por encima de la banda salarial de su puesto se coloca en una posición en la que asumir más responsabilidades no es una opción sino una exigencia. En estos casos nos encontramos con cierto número de personas que no están preparadas para afrontar este reto, o que no están dispuestas a afrontarlo, o que estando dispuestas y preparadas para afrontarlo, no encuentran la oportunidad o simplemente compiten con otra gente de mayor nivel y experiencia que les arrebata el hipotético siguiente escalón de su carrera.

Estos escenarios dejan a esas personas ganando por encima de su compa-ratio y sin visos de poder cambiar a corto/medio plazo. A partir de este momento su sueldo, consciente o inconscientemente para su jefe, se convierte en una variable inesperada y un tanto injusta a la hora de revisar su desempeño, y las “no subidas salariales” casi obligadas son losas que se pueden ir acumulando a lo largo de los años hasta minar totalmente su motivación. Pueden entrar en una espiral de desilusión que suele transformar profesionales competentes y válidos en lacras para su empresa, y de la que sólo pueden salir abandonando esa zona de confort de la que hablaba antes.

Por eso defendía en aquella conversación que en el hipotético caso de no poder estar en ese punto medio donde Aristóteles situaba la virtud, prefiero estar por debajo que por encima de mi compa-ratio. Estar por encima tiene ese riesgo de convertirse en una cárcel de oro, mientras que estar por debajo, frente a una normalmente asumible diferencia económica, te da algo que no tiene precio: Libertad.

Libertad para darle a tu carrera profesional el ritmo de progreso que tu aprendizaje, tus capacidades, tus ambiciones y tus circunstancias personales demanden… y no el que demande tu excesivo salario. Libertad para, si en algún momento no te sientes realizado por tu trabajo, poder explorar el mercado laboral con un sueldo competitivo de salida.

Un gran porcentaje de los empleados de bajo rendimiento que tienen las grandes multinacionales son zombies en jaulas de oro, y en este problema, como en la mayoría, dejar la solución en manos del tiempo no suele ser una buena opción. De hecho, en este caso, las cosas suelen agravarse con el tiempo sobre todo desde el punto de vista de pérdida de la motivación.

No me resulta fácil encontrar una receta con la que poner fin a esta enfermedad que afecta a un montón de buenas compañías y que, cuando no se gestiona bien, corre el riesgo de acabar contagiándose de unos empleados a otros. Pero sí creo que hace falta un mayor nivel de consciencia sobre la misma para que los agentes implicados puedan tomar carta en el asunto.

De esta perspectiva si me gustaría poner sobre la mesa una serie de reflexiones para intentar liberar a estos presos de su jaula dorada:

 

  • Desde el punto de vista del empleado afectado: Debe darse cuenta de que es el primer interesado en que la situación no se alargue. A nadie, absolutamente a nadie, le gusta estar desmotivado y, mucho menos, convertirse en un apestado en su empresa. Por eso es importante la perspectiva de que el sueldo es simplemente una zona de confort. A todos nos gustaría que los cambios laborales vengan acompañado de una subida salarial, incluso si es posible no tener que renunciar a ese cojín de finiquito que hemos ido acumulando a lo largo de los años… pero claro, también nos gustaría que nos tocara la lotería… La realidad es que todo cambio a mejor suele llevar un riesgo inherente. No suele haber premio sin salir de la zona de confort. No podemos estar malgastando nuestra vida aferrados a una seguridad económica falsa y a una infelicidad laboral (y por tanto personal) cierta. Hay que ser conscientes de que no cambiar también tiene sus riesgos. Siempre, sobre todo cuando la situación de partida ya es mala.

    En estos casos es muy recomendable buscarse un mentor de confianza que nos ponga los pies en el suelo. Los amigos/compañeros cercanos suelen regalar los oídos con facilidad y por eso son consejeros peligrosos, alejan de la realidad y ponen la parte de culpa que corresponde al empleado en el tejado de otros, agravando el sentimiento de desmotivación en lugar de amortiguarlo. Lo ideal sería poder confiar en el jefe, pero esto es mucho pedir cuando hay una calificación de bajo desempeño por medio.

 

  • Desde el punto de vista del jefe: Debe predominar la honestidad y la trasparencia. Como siempre digo, no debe subestimar a su colaborador por tener más información o una visión más amplia de la situación. Además al superior se le debe exigir que acometa este conflicto con la vista puesta en el largo plazo, nunca prometer a futuro cosas incumplibles pensando que para entonces la pelota estará en otro tejado. Su misión, ligada a su puesto, debe ser ejercer una labor de acompañamiento y guía tanto si su visión, compartida al empleado, implica que este crezca en la empresa o que salga de ella. Se debe ser generoso con el desarrollo del empleado también cuando lo mejor para el equipo es que este se vaya. Es un claro ejemplo de win-win.

 

  • Desde el punto de vista de la empresa: Creo que siempre es bueno una apertura al diálogo, una salida negociada a tiempo es mucho mejor que una situación encallada que obligue a lidiar con una empleado desmotivado durante años para tener que acabar con un despido improcedente. Una buena gestión de la situación del zombie en jaula de oro, con plazos bien definidos, ayuda al empleado a tomar cartas en el asunto, y, siempre que las dos partes cumplan lo acordado, no hay motivo para no llegar a buen puerto tanto dentro como fuera de la empresa.

 

No sé si estas reflexiones pecarán de idealistas, pero sí tengo claro es que cuando vemos morir la motivación en una jaula de oro no podemos quedarnos de brazos cruzados ni mucho menos adoptar la solución que he visto en demasiados casos: que nadie nombre al elefante en la sala.

Jesús Garzás

3 Comments

  1. Un estupendo post, pero me he quedado con tres palabras, clave para mi
    libertad, competir y motivación. Tiene mucho significado, pero el problema tal vez sea el concepto que tenemos de ellas. La libertad es algo que va dentro de uno mismo, aunque las cadenas de tu trabajo te opriman, tienes que buscar todos los días ese aire que te hace ser libre, el cual nadie puede atrapar en un despacho o en cualquier puesto de trabajo. Competir,cuando nos demos cuenta que la competitividad es mas dañina, para el estimulo de las personas, y que los resultados de esta, nos hacen ser menos productivos que si no la hubiera, por que todo el mundo aporta algo y es absurdo competir en una faceta en la que alguien es mas fuerte que tu, pero nunca olvidemos que cada persona aporta algo valioso que tenemos que ver, y que de la otra manera queda anulada, en todos los aspectos.Motivación , al igual que la libertad hay que tener una auto motivación, por que si la motivación la basas en cosas materiales se te puede derrumbar con los años, pero si la basas en el crecimiento personal o profesional, jamas se agotara por que es una fuente inagotable, que constantemente aporta nuevas experiencias a tu vida. Y por ultimo una palabra que pongo de mi propia cosecha RESPONSABILIDAD, cuando te han educado en esto, aunque te caigan losas, aunque te machaquen constantemente, tu harás lo que corresponde por que sabes que haces lo correcto. Por lo tanto, la libertad esta en tu interior, competir es absurdo pues de lo que se trata es de sumar, la auto motivación no tiene que estar basada en cosas materiales, si no en el enriquecimiento personal y profesional, y por supuesto la responsabilidad de desarrollar tu trabajo de la mejor forma posible. Son cuatro pilares que una vez controlados, nada impedirá que sigas adelante. Y por supuesto acorde con el salario que te pagan, no vamos a ir contra corriente de esta sociedad, pero en segundo termino.
    Es una pequeña aportación de mi personalidad y como veo las cosas.

    • Muchas gracias por leernos y sobre todo por tomarte el tiempo para escribir este aporte tan largo. Hay un tema que tocas, la competividad, que es apasionante por los distintos puntos de vista que lo rodean. ¿Se puede ser competente sin ser competitivo? Yo también creo que sí, pero la mezcla de estos conceptos, genera como tú bien dices, resultados muy dañinos

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