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Demasiado joven para decir demasiado viejo

Demasiado fácil recurrir al demasiado viejo. Y demasiado pronto. No me salen las cuentas con tus cuentos. Sí, esos que me cuentas sin venir a cuento.

Dices que es la crisis de la mediana edad, y no puede ser verdad. Llevas sólo quince años trabajando, eres un adolescente laboral.

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Sucede a menudo a mi alrededor, quizás porque la mayoría de mis amigos se sitúan a un lado o al otro de la frontera de los cuarenta. Veo mucha gente que reniega de su trabajo, mucha frustración, mucha queja al viento, poca acción. “Demasiado viejo para un cambio” se llama su saboteador.

Y luego nos preguntamos por qué el mercado de trabajo se ralentiza a los cuarenta, por qué surgen las dificultades precisamente en el mejor momento, cuando uno acumula experiencia y comienza a atisbar lo que quiere hacer realmente en esta vida. Cuando pueden, podemos, decir un “Yo lo que quiero ser de mayor es…” con fundamento.

Somos nuestros propios enemigos cuando proyectamos nuestro saboteador en los demás y por consecuencia en el mercado laboral. Cada vez que nos negamos a nosotros la posibilidad de cambiar se lo estamos negando a quien tenemos al lado. Los temores son tremendamente contagiosos. Pero, aquí está la buena noticia, también se contagia la energía, y la valentía, y, desde luego las palabras.

No eres demasiado viejo para un cambio. Ni siquiera lo eres para empezar de cero. Ni ahora ni ningún día hasta que llegue el penúltimo día de tu vida. Y en ese momento ya no dudarás sobre si eras demasiado viejo en el pasado, te lo aseguro. Si acaso, pensarás que eras demasiado idiota por no seguir tus sueños. Si cada noche los creabas mientras dormías, qué te impedía hacerlo al despertar cada día. Créetelo. Es así.

No eres demasiado viejo para un cambio. No lo pienses. Y si lo piensas, no lo digas. Recuerda las palabras contagian los miedos, a ti mismo también. Recuerda que los pensamientos cambian, no te ates a ninguno. No des por sentado nada. Busca un poco mejor en tu interior si tus emociones, tus ideas y tus acciones no están alineados. A los momentos de felicidad se llega con la mente y el corazón cogidos de la mano.

Si no quieres hacerlo por ti, hazlo por los demás. Si tu crisis es la de la mediana edad, probablemente tienes hijos o sobrinos o niños de tus amigos de tu alrededor. ¿Quieres contagiarles miedo o quieres contagiarles ilusión?

¿Qué mundo queremos construir? No podemos decir que la vida o la realidad laboral es injusta si no hemos hecho nada por cambiarla, más bien lo contrario… contribuimos a asentarla con nuestros temores y nuestra inacción.

Basta ya del miedo al fracaso, pongámoslo en valor. En el peor de los casos nuestro intento habrá servido para romper la inercia del inmovilismo. Y si la cosa fue mal no te quedes con el resultado, quédate con la sonrisa inconsciente que mostrabas mientras lo estabas intentando.

Déjatelo bien grabado en la mollera: No eres demasiado viejo hoy, y tampoco serás demasiado viejo mañana. Aunque si lo continúas postergando…puede que llegué el día en que mañana sea demasiado tarde

 

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Jesús Garzás

2 Comments

  1. Jesús, una vez mas me ha encantado, es inspirador, valiente y totalmente cierto. Yo estoy en un momento vital de cambio y me llena saber que mi razón y corazón van en la misma dirección por mas que cueste (a veces). Y si, tengo una hija, adolescente, por cierto, y le quiero trasmitir precisamente eso: ilusión y valentía y que su madre a sus 50 años estudia para ser lo que quiere ser “de mayor”. Gracias

    • Muchas gracias por tu comentario y por tu valentía, Mar! Saber que iba a ser padre fue lo que me impulsó para dar un cambio a mi vida.

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