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¿Es el feedback negativo un deporte de riesgo?

A veces dar un feedback negativo puede alterar la estabilidad de un proyecto, la confianza de una persona, o, por contagio, el estado de ánimo de un equipo. Es por ello que nos lo pensamos dos veces a la hora de darlo. Además, seamos sinceros, es un mal trago que preferimos ahorrarnos.

Frente al feedback negativo suelen surgir dos saboteadores internos: el relativizador y el procrastinador. Intentaré no sacar este último en este post, y hablaremos de ellos a continuación.

feedback negativo

 

El relativizador trata de quitarle importancia a los hechos que sabe que debe comentar y deja pasar la ocasión. “No es para tanto”, “seguro que se da cuenta y cambia solo”, “si no lo vuelve a repetir no hay problema”, son algunos de los convincentes argumentos de este saboteador. Hacerle caso no suele ser efectivo, pocos conflictos se resuelven mirando hacia otro lado. Pocos es un eufemismo. La cifra exacta es ninguno.

El procrastinador no es mucho mejor. Hace tiempo escribía que el feedback hay que darlo rápido porque, como en la leyenda sobre el zumo de naranja, si no se hace así se le van las vitaminas . Cuando el peso de las sugerencias se basa en hechos lejanos en el tiempo, pierde efectividad, porque cada uno inconscientemente va adaptando sus recuerdos a conveniencia, es nuestro instinto de supervivencia.

Seamos claros, el feedback negativo hay que darlo. Si pasa por nuestra mente es porque de alguna manera es necesario.

¿Y si por solucionar un problema me creo otro mayor? La eterna duda. Aquí seré claro, incluso demasiado coloquial. La mierda que hay bajo a las alfombras siempre acaba por salir al exterior, así que cuanto antes aparezca, antes se podrá limpiar. Utilizando una frase mucho más sutil y elegante que aprendí la pasada semana en este post: Lo que no se resuelve, vuelve.

Teniendo claro que no podemos obviarlo, ¿cómo podemos hacer que este proceso sea más fácil, que no sea un mal trago? ¿Cómo hacer que el feedback negativo no sea un deporte de alto riesgo?

La respuesta es sencilla, pero necesita esfuerzo y constancia: teniendo una potente cultura de feedback en nuestra compañía.

Si el feedback no es algo que ocurre sólo de manera extraordinaria cuando es inevitable, si es algo que forma parte de nuestro día a día, estaremos más acostumbrados a lidiar con él, incluso a utilizarlo de manera natural para nuestro auto desarrollo.

No es casual que las metodologías ágiles que están tan en boga incorporen el feedback como un elemento indispensable en sus procesos. Reunirse semanalmente puede sonar a pérdida de tiempo cuando no hay mucho que comentar, pero estas reuniones no necesitan ser alargadas innecesariamente, y por el mero hecho de reunirnos estamos fomentando un hábito.Este hábito supondrá que cuando llegué la hora de dar un feedback negativo (o positivo) relevante no haya necesidad de obviarlo, ni de postergarlo… saldrá con naturalidad, porque tendrá su espacio natural donde ser dado y, mejor aún, recibido. El tiempo invertido en adquirir ese hábito cobrará todo el sentido.

Por supuesto la forma siempre hay que cuidarla (eso puede dar para otro post), pero el problema de encontrar el momento y el lugar adecuado, ya lo tendremos solucionado de antemano. Esto no nos garantiza que ese feedback negativo no vaya a tener impacto en la persona, el equipo o el proyecto, pero si nos asegura que es dado con naturalidad, que no es forzado ni extraordinario, y eso es un buen primer paso para empezar a construir, que es lo que se pretende. Porque el feedback, más allá de la etiqueta “negativo” que estamos utilizando en este post, debe ser siempre constructivo… o no es feedback.

La cultura de mejora continua que todos deseamos para nuestras empresas necesita de dialogo, intercambio de pareceres, consejos, y, por supuesto, aprendizajes. Y eso no se consigue si no se siembra el hábito del feedback.

 

feedback by ProSymbols from the Noun Project

Jesús Garzás

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