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Gamificación y formación.

Como prometía en el anterior artículo sobre este tema, ha llegado el momento de indagar un poco más sobre una de las aplicaciones de la gamificación: La formación a través de soluciones e-learning.

Trataré de hablar desde la experiencia de haberlo probado en empresa, pero también desde la teoría de la motivación, para explicar la realidad actual pero sin obviar las grandes posibilidades que se encuentran tras esta relativamente nueva modalidad.

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Los más puristas de la formación dirán que no hay nada como la metodología presencial. Lo que dicho de manera tan genérica es fácilmente cuestionable con un “pues depende del curso, del formador y sobre todo de si se cubren los objetivos y las expectativas del alumno”.

En cualquier caso no estamos en un escenario de “o lo uno u lo otro”, creo que ambos modelos son complementarios y por tanto pueden convivir sin problemas. No tiene por tanto sentido debatir si la gamificación aplicada a la formación e-learning es mejor o peor que el modelo presencial. Hablaré de lo que creo que funciona y de lo que creo que no. Empecemos por esto último para acabar con buen sabor de boca.

Más por el hecho de ser e-learning que por ser gamificada, este tipo de formaciones suelen ser víctimas de la procrastinación (Tenemos tendencia a olvidarnos de aquello que no tiene un sitio fijo en el calendario). Si además le añadimos que el juego puede añadir un punto de complejidad y que normalmente va a requerir un periodo de adaptación antes de poder de sacar todo el jugo al material, pues nos encontraremos con gente que se resiste a empezar o que se puede desconectar definitivamente tras un primer intento poco fructuoso.

El mayor error es que por el hecho de ser e-learning pensemos que no necesita soporte por parte de los especialistas de RRHH. Al contrario, necesitará mayor implicación en los primeros días, deben incluso adelantarse a dar soporte antes de ser llamados. Entre los menos duchos en tecnología hay siempre un miedo a preguntar “para no parecer idiota o anticuado”, así que hay que demostrar cuanto antes que ese miedo es infundado. Conseguimos que tuvieran un smartphone de empresa así que esto debería estar chupado. Además debemos hacer una campaña de lanzamiento adecuada que genere expectativas reales y que fomente interés y ganas de una pronta participación. Una vez que estén todos en marcha en el curso, entonces sí, requerirá menor atención que cualquier otra formación.

Otra barrera con la que tenemos que luchar es la disociación que algunos hacen entre juego y trabajo. Sí, resulta casi cómico pero es una realidad, uno se siente incómodo cuando tiene un juego en la pantalla de su trabajo, aunque en su interior sepa que está haciendo algo para convertirse en un mejor empleado. Debemos hacer saber que eso es una noción tan presente como obsoleta, y que aprender jugando (incluso, si se puede, trabajar jugando) suele deparar mejor resultados, y cuando menos suele facilitar que se recuerde mejor aquello sobre lo que fuimos formados. Si lo saben en la guardería de mi hijo (y en todas las escuelas de vanguardia)… ¿A qué esperamos a ponerlo en práctica en nuestras empresas?

Sí, esa es la primera ventaja de la formación con gamificación, al ser una experiencia vivida en primera persona, sin duda la recordaremos mejor. Las otras ventajas las voy a ligar al modelo de motivación que defiende gente como Daniel Pink asociado a tres conceptos: Autonomía, Dominio y Finalidad.

Autonomía: Tú decides cómo y cuando llevas a cabo la formación.

Dominio: La gamificación, mediante unos puntos y una clasificación presenta una forma objetiva y medible de perseguir el dominio en la materia de esa formación. Si te interesa, es fácil picarse, y trata de luchar por quedar primero. Sí, es un juego, pero en mi propia experiencia a nadie le gusta quedar por detrás de nadie con lo que la gente pone todo el empeño en hacerlo lo mejor posible. Es más, esto funciona tanto para empleados motivados intrínsicamente que tratan de alcanzar el máximo dominio en la materia, como para los motivados extrínsecamente que tratan de alcanzar la mejor posición.

Propósito: Este caso es clave en cualquier tipo de formación, no lo es ni más ni menos por el hecho de ser gamificación, resulta evidente decir que parte del éxito y la motivación para afrontar un training siempre residirá en que la finalidad del mismo se adecue a las necesidades (y si es posible también al deseo) del empleado.

En resumen, con la autonomía y el dominio como parte implícita del modelo, sólo tenemos que poner el foco en la finalidad para asegurarnos un empleado totalmente motivado con su formación.

Por tanto y como conclusión para este post. Creo que la gamificación en la formación es una apuesta segura de futuro y también de presente, pero como en cualquier otra modalidad necesita un seguimiento adecuado en el principio y, sobre todo, tener claro que su finalidad es útil para el empleado que la recibirá.

Jesús Garzás

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