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La Gamificación, un invento no tan nuevo.

La gamificación es un término bastante joven pero que poco a poco se va asentado en nuestra vida laboral. Unos lo alaban, otros lo temen, unos piensan que será la panacea y otros un pierde tiempo.

La gamificación, por si alguno aún no conoce de lo que estamos hablando, es el empleo de mecánicas de juego en entornos no lúdicos. ¿Y qué es entendemos por mecánicas de juego? Pues la introducción de elementos como puntos, niveles, clasificaciones, premios…

Ahora bien, ¿de verdad esto es algo tan nuevo?  ¿Qué son las evaluaciones de desempeño sino puntos? ¿Qué son los distintos puestos en la jerarquía de la empresa sino niveles? ¿Qué son las listas de altos potenciales sino clasificaciones? ¿Qué son las subidas salariales sino premios?

Por tanto no hay motivo de asustarse ante la gamificación pues no deja de ser más de lo mismo de siempre pero con un diseño más fresco.

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He optado a propósito  por simplificar el término porque algunos se creen que la gamificación es hija directa de los videojuegos y como tal la condenan de antemano, pero sin embargo el juego y la competición han estado siempre presente en los entornos laborales, lo que ocurre es que teñidos por unos tintes más trascendentes. Pero a fin de cuentas, el trabajo, como la vida, no es más que un juego. Así que no entiendo que ahora nadie venga a echarse las manos a la cabeza por introducir juegos, de manera más explícita, en el mundo empresarial.

Que sea un juego no implica que no lo tomemos en serio, por supuesto. Implica que tenemos que ser conscientes que todos de algún modo somos fichas de un tablero con un área de  influencia limitada y unas reglas marcadas por otro que a su vez es ficha de otro tablero.  Fichas que en teoría deberían colaborar entre ellas y compartir un objetivo común en la competición dentro del mercado empresarial.

Así que la llegada de la gamificación de principio me parece algo bueno en primer lugar porque introduce un toque de frescura, y en segundo lugar porque funciona de forma objetiva, con unas reglas conocidas de antemano y unos valores medibles, algo que en algunas ocasiones no se podría aplicar al 100% de todos los procesos de RRHH.  En resumen la gamificación puede modernizar e introducir mayor equidad.

Por supuesto el día a día en una compañía está lleno de intangibles que sólo se puede valorar desde la empatía y la sensibilidad humana, pero, para todo lo demás gamificar representa una apuesta de futuro a tener en cuenta. De hecho si tuviera que apostar, diría que más pronto que tarde la gamificación empezará a ser utilizada para medir el desempeño. Tan sólo hay que dar un poco de tiempo para que los avances en el famoso campo del “Big Data” acaben concretándose en aplicaciones empresariales adecuadas para ello.

Ahora bien, es posible  que aún no estemos preparados para ese salto, pero no habrá que esperar mucho. Será posiblemente la generación de los millenials quien nos lo traiga cuando empiecen  a ocupar posiciones de relevancia.

Mientras tanto no está de más empezar a familiarizarnos con la gamificación usando alguna de sus variedades que han nacido bajo el paraguas de las redes sociales corporativas o, a esto prometo dedicar un post, en el campo del e-learning. Comenzar a entender que la gamificación es algo más que un juego para ahorrar dinero en trainings o para invitarnos a ser más participativos en las iniciativas de colaboración, es, en potencia, un nuevo modo de gestionar la motivación de los empleados (intrínseca y extrínseca) y una nueva métrica para ayudarnos a evaluar su desempeño.

¿Quieres jugar?

Jesús Garzás

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