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¿La nueva incertidumbre?

Dice la gente de campo que este septiembre traerá una gran cosecha de incertidumbres. No me extraña, porque está siendo el 2020 un buen año para sembrar dudas.

Las incertidumbres, como las legumbres, hay a quien le encantan y le caen muy bien, y hay a quien le provocan nauseas, gases, y, sobre todo, miedos. Acerca de lo que no hay duda es que las incertidumbres, como las legumbres, tienen un alto contenido en nutrientes.

incertidumbre

En realidad, las incertidumbres del 2020 no son distintas a las de otros años, quizás si más visibles o más patentes. Quien crea tener total seguridad sobre su futuro (laboral, sentimental, económico, vital…) simplemente se engaña. El futuro es en esencia incierto por mucho que pensar lo contrario pueda darnos paz.

El 2020 y su dichosa pandemia se han especializado en despojarnos de falsas certezas, dejándonos desnudos, destemplados, y sin posibilidad de echarnos encima un buen autoengaño con el que entrar en calor.

Resulta inevitable sentirse confuso, desprotegido, frágil, y más mortal que de costumbre. Pero, y luego, ¿qué? No podemos quedarnos de brazos cruzados. El mundo y el tiempo, son entes impasibles que no se detienen por nada ni por nadie. Avanzan impertérritos, sin acritud, pero sin compasión, frente a las más grandes tragedias, y ni por un momento se plantean esperar a una sola persona con sus diminutos (en relación con el universo) problemas. Es momento, siempre lo es, de pasar a la acción.

Entre brumas y entre dudas siempre se avanza mejor poniendo el foco en el presente, las luces largas rebotan contra la niebla. Y aquí es donde se hace necesaria una aclaración, trazar una frontera, que podría volverse difusa cuando no se conoce bien, entre este foco en el presente y el cortoplacismo, que desde luego no es lo mismo.

Es más seguro avanzar paso a paso entre la incertidumbre, pero cada uno de esos pasos debe acercarnos a nuestro destino, el largo plazo. Un destino, que como siempre, resulta la parte más complicada de decidir y la que requiere más reflexión (y trabajo). Eso sí, una vez resuelto este enigma, debemos dirigirnos hacia él sin prisa (con foco en el presente), pero sin pausa.

Sobre como trabajar (y reflexionar) sobre cuál queremos que sea nuestro destino final, a mí me suele funcionar (por eso lo recomiendo) optar por las opciones que más alineadas estén con mis valores personales (sí, quizás ponerles nombre a estos también te lleve un rato de reflexión si no los tienes claros aún).

Aferrarse a los valores personales es una de las opciones más seguras en tiempos de incertidumbre y dudas.

Eso sí, no me cabe duda que para aquellos a los que la pandemia ha vuelto su vida del revés, esto suene demasiado a teoría (aunque lo escribo desde el convencimiento de la experiencia, y desde la esperanza de que a alguien le pueda servir de ayuda).

Si la necesidad te oprime demasiado, puedes mandar este post al carajo, y hacer lo que durante toda nuestra existencia hemos hecho los humanos cuando nos sentimos inminentemente amenazados: déjate llevar por tu instinto de supervivencia. Eso sí, sin olvidar darte permiso para el fallo y conceder espacio a la paciencia.

 

 

doubt by Adrien Coquet from the Noun Project

Jesús Garzás

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