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La nueva normalidad de la formación de empresa

Nueva normalidad, nuevos tiempos para la formación, probablemente sin vuelta atrás. Recuperaremos algún día las clases presenciales, pero ya no será igual.  No tengo una bola de cristal, y puede que me equivoque, pero temo que dejarán de ser la primera opción en el mundo empresarial.

Los paradigmas en formación y desarrollo han sido volteados en el aire por la cornada del coronavirus, y no creo que al levantarse puedan continuar caminando del mismo modo en que lo hacían antes.

 

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El debate entre formación presencial y virtual siempre ha estado ahí, pero lo que creo que va a cambiar definitivamente el covid-19 es el orden de prioridad.  Habiendo presupuesto, los cursos cara a cara han ocupado históricamente el primer lugar en la preferencia del alumno.  Nuestros mapas mentales, o quizás nuestros prejuicios, habían ubicado al mundo del training online siempre como una eterna alternativa: bien para innovar, bien para experimentar, bien para ahorrar…

Salvo honrosas excepciones, los propios proveedores de modelos de aprendizaje online se veían limitados por esta autopercepción de ser una alternativa y ni siquiera pretendían ir más allá.

Pero todo ha cambiado desde hace un par de meses, y la creatividad sumada al instinto de supervivencia está haciendo que los cursos de formación virtual evolucionen a pasos agigantados. Y si en los educadores este cambio de chip ha tenido que ser inmediato, en los alumnos, no sin tener que vencer una resistencia al cambio inicial, también está ocurriendo. Las aulas virtuales ya no se conforman con ser una alternativa, sino que tienen la obligación de sustituir a las presenciales.

La interacción, la concentración, la curación del contenido, la adaptación de la duración, la capacidad de síntesis … han dejado de ser un valor añadido en el modelo virtual para convertirse en una necesidad.

Además, esta tormenta ha llegado en un momento en el que este cambio ya había comenzado su avance, gota a gota, de manera paulatina, con el relevo generacional.  Para los más jóvenes, acostumbrados a aprender con Google y Youtube como principales mentores, adquiriendo nuevos conocimientos con vídeos tutoriales, resolviendo sus dudas en foros, y relacionándose (y profesionalmente haciendo networking) a través de redes sociales, la formación presencial nunca ha tenido ese halo de superioridad que, los que peinamos ya alguna cana, hemos podido concederle. La duración, y, sobre todo, su ubicación necesariamente estática en el calendario, se convierte en una pega para aquellos que están acostumbrados a aprender rápido, en cualquier momento, y en cualquier lugar, al amparo del móvil que los acompaña allá donde van.

Por eso, para mejorar la experiencia de los usuarios (sobre todo los más jóvenes) y para integrar el aprendizaje al día a día del trabajo (en próximas semanas prometo un post sobre otro nuevo anglicismo: learning in the flow), en los últimos años han surgido lo que se conocen como learning experience platforms (IBM, Degreed, Edcast..) enfocadas en dotar a la formación de una mayor inmediatez, flexibilidad y personalización, con una capa social que empuja al aprendizaje colaborativo y que bien utilizada puede sacar lo mejor de la inteligencia colectiva de las organizaciones.  Sin duda los que ya usaban este tipo de plataformas han podido adaptarse más rápido al cambio que nuestro fiel compañero protagonista de los telediarios, el coronavirus, ha traído a la formación.

No, esto no significa el fin de la formación presencial. Encontrará su momento en esta nueva normalidad. Sus virtudes no van a desparecer de la noche a la mañana, y según los objetivos del curso, podrá ser de nuevo ese factor que marca diferencias.   Pero sí me atrevo a decir que es el fin de su prevalencia, que ya no volverá a ser escogida por inercia, sin que alguien considere antes si es o no la mejor opción.  Sin ser confrontada con otras alternativas, que probablemente ya habremos experimentado en los tiempos actuales de distanciamiento físico.

Estamos viviendo apasionantes tiempos de cambio, también en la formación. El futuro no puede volver a ser igual que el pasado, después de descubrir que hemos podido hacer lo que pensábamos que no podíamos.  Y lo mejor es que definir esta nueva normalidad está en nuestras manos, sin prejuicios, con imaginación, con más alternativas ante nuestros ojos, y sin perder de vista que el objetivo final será el mismo que ha sido siempre, que el alumno salga del curso con aprendizajes bajo el brazo.

 

 

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Jesús Garzás

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