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La obsolescencia programada y las personas

Que se me hayan muerto el móvil y el portátil con pocos días de diferencia creo que es excusa suficientemente válida para hablar de obsolescencia programada.

¿Realidad o leyenda? ¿Cuál es la razón que hay detrás? ¿Aumentar ventas? Si es esto último, habrá que revisar la estrategia comercial porque yo de momento no voy a repetir marca. ¿Abaratar costes? ¿Forzarnos a los usuarios a la renovación y así dinamizar el mercado?… por ahí van a ir a los tiros me temo.

Pero, ¿y las personas? ¿Tenemos nosotros también obsolescencia programada? Pues al menos algunos se comportan como si así fuera.

obsolescencia programada

 

Desde un punto de vista biológico es obvio que todos tenemos obsolescencia programada, aún no se ha conocido a nadie que se no haya muerto pese a los vanos intentos de Matusalén en este área. Sin embargo desde un punto de vista mental, creo que es todo lo contrario, estamos preparados y concebidos para el cambio. Lo que ocurre es que frente a ese instinto de supervivencia innato surge otra tendencia, yo creo que más por razones sociales que biológicas, a acomodarnos. Hablo de los obsolescentes convencidos.

Mientras que los adolescentes se rebelan contra lo establecido y alzan su voz (y sus gallos) de manera activa, los obsolescentes deciden rebelarse también… pero con actitud pasiva. Me recuerdan a una camiseta que me trajeron de Zaragoza cuando era pequeño. En ella aparecía un burro, ataviado con un pañuelo mañico para la ocasión, caminando por una vía del tren. Al fondo se veía una locomotora haciendo sonar su silbato, y en primer plano una viñeta representaba el pensamiento del animal: “Pita, pita, que yo no me aparto”

La obsolescencia humana se mueve entre unos terrenos programados por el miedo, la pereza y el autoengaño. Con una frase de cabecera: “Ese cambio no va conmigo”. Cuando todas las señales indican lo contrario, ellos intentan convencerse y justificar su actitud pasiva pensando que nada les afectará. No hay actitud confrontadora, ni mala intención en los obsolescentes, simplemente la creencia de que cuanto más quietecitos estén a cobijo de tu tejadito de cotidianidad, menos posibilidades hay de que la lluvia de los nuevos cambios les cale porque al final siempre escampa… y ese es el error.

Lo único constante en nuestra vida son los cambios. Es una lluvia que no cesa. Por tanto ignorarlos o pretender que pasen de largo te conduce inmediatamente a la obsolescencia.

La obsolescencia programada en las personas es tan peligrosa como la resistencia al cambio, por eso en cualquier proceso de transformación cultural es importante identificar a los obsolescentes y diseñar un plan personalizado para ellos.

Al miedo y a la pereza hay que derrotarlos, al autoengaño hay que dejarlo en evidencia. Hay una frase de James Belasco que he leído hace poco que me parece que define muy bien el problema al que nos enfrentamos: “El cambio es difícil porque la gente sobrestima el valor de lo que tienen y subestima el valor de lo que pueden ganar renunciando a ello”

La sabiduría popular, que a veces tiene goteras, instauró el peligroso “más vale lo malo conocido…” y a muchos se les quedó grabado en el cerebro.

En toda transformación no sólo hay que poner en valor las ganancias que el cambio llevará a las empresas sino también aterrizarlo en las personas. Porque cuando miles de empleados contemplan desde sus ordenadores la teleconferencia de un comité de dirección sobre las novedades que se avecinan, la frase que resuena con más fuerza en su cabeza es “¿y eso en que me afecta a mí?”. El miedo es así, y debemos gestionarlo si no queremos que las personas se acochinen en tablas y se dejen vencer por la obsolescencia.

Porque al igual que es una vergüenza que se permita que las empresas programen la obsolescencia en sus productos, lo es aún mayor aún que dejen que se instaure en algunos de sus empleados.

La permisividad de hoy es el dolor de cabeza de mañana. Por eso promover la innovación y la transformación como parte de la cultura de empresa es la única inversión segura para la supervivencia.

Mi ordenador y mi portátil han muerto en pocos días, una buena razón para estar cabreado. Pero también una buena excusa para renovarme  :-)

Picture created by Aldric Rodríguez from Noun Project

Jesús Garzás

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