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La vocación tardía

No hay tal cosa como la vocación tardía. La vocación, presente o latente, siempre ha estado ahí. No te habías fijado o preferiste mirar para otro lado. Puede que simplemente no la hubieras buscado lo suficientemente bien.

Sí, la vocación no tiene por qué ser evidente, ni aparecerse en sueños, ni a través de una zarza en llamas… a veces cuesta encontrarla. Lo que pasa es que la reconocerás fácilmente porque una vez la identifiques subirá a la superficie como si liberases un corcho enterrado en el fondo de un océano.

vocación tardía

La vocación, una vez presente, no produce inmediata satisfacción. Todo lo contrario, si tienes sangre corriendo por tus venas, te sacará a patadas de tu zona de confort. Te colocará en una tesitura donde tendrás que poner en juego tu capacidad de decisión. Te invitará a volar pero también te obligará a renunciar.

Cuando hablan de vocación tardía están confundiendo el uso del adjetivo,aunque se lo ponen a esa inclinación natural que acaba de surgir, realmente quieren ponérselo a la edad del individuo. Sin embargo, cuando hablamos de vocación, no hay edad, porque tampoco hay tiempo pasado ni futuro. Sólo hay presente. La vocación produce esa cosa tan propia del verbo “to be” en inglés, la sensación de ser y estar.

Hablar de vocación tardía para referirse a un imposible puede ser también un indicio de estar confundiendo vocación con envidia. Envidias un premio Nobel, una posición de alto rango en una empresa o un campeonato del mundo. La vocación es escribir, desempeñar una función determinada en una compañía o jugar al fútbol. ¿Es contradictorio perseguir resultados a través de una vocación? Claro que no, es normal, pero nunca como un objetivo por encima de todo lo demás, sino como una consecuencia de disfrutar con lo que haces y de tu propia superación personal.

Por eso cuando la gente habla de vocación tardía como si fuera una locura, un brindis al sol, o la absurda persecución de una quimera, suele hablar realmente de objetivos o de envidias. O puede que no estén contando su propia historia. Puede que sólo escondan una lucha interior donde su vocación perdió ante sus miedos. Cuando escuchas a la vocación suele traer problemas pero si no lo haces trae frustración.

Cuando yo decidí seguir mi vocación, a decir de algunos, tardía, no entré en un mundo mejor lleno de arco iris y unicornios. No lanzaron confeti sobre mi cabeza ni me recibieron con abrazos por un gesto que para mí era una demostración máxima de integridad pero que para otros pudo ser visto como una meada fuera del tiesto. La mayor satisfacción, inicialmente, sólo llega por dentro. Hubo también muchos guiños cómplices, más de un golpe en el hombro y alguna que otra revelación. Las vocaciones son como las hemorroides, mucha gente las sufre en silencio, y sólo deciden hablar de ellas cuando tienen enfrente a alguien que experimenta la misma dolencia.

Cuando escuché mi vocación perdí la tranquilidad y también la estabilidad (si es que tal cosa existe en un mundo tan frágil donde la vida es un regalo sin garantía y la muerte una indeseable posibilidad cotidiana). Me convertí en el que llama a la puerta en lugar del que espera al calor de la chimenea en su sillón de empresa con las zapatillas puestas. No puedo decir que mi vida ahora sea mejor, cuando el viento sopla en contra me visitan por la noches los miedos que me decían que me quedara donde estaba. Pero cuando sopla a favor… ¡Ay!, cuando sopla a favor…

¿Qué es lo que consigues a cambio? Que cada logro, por pequeño e insignificante que sea, te llene de orgullo y te produzca esa misma sensación en la barriga que aquella mirada trémula con que la persona a la que amabas te dio permiso implícito para un primer beso.

Si eso te merece la pena, sabrás entonces que no hay cosa tal como escuchar una vocación ,tardía o no, y permanecerás con los oídos y los ojos bien abiertos porque nunca sabes cuándo puede surgir la tuya o cuándo surgir una nueva…. Bueno, nueva nunca, siempre es una que estaba por descubrir.

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Jesús Garzás

4 Comments

  1. Excelente. Me parece muy clara y atinada el cambio de denominación. No es tardía. Es tardíamente reconocida o escuchada. El otro acierto: la necesidad de coraje, una vez reconocida, de encarar su práctica.

    • Gracias Mario,en primer lugar por asomarte al blog y leerlo y en segundo lugar por dedicar tiempo a escribir este comentario tan agradable de leer para mi.
      Se agradece mucho. Bienvenido a este blog!!

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