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Mentalidad del labrador para obtener una buena cosecha.

Solíamos ir al pueblo, a dormir en casa de los abuelos, durante las fiestas de guardar: Navidad, Semana Santa y feria. Algún fin de semana también y, en aquellos tiempos ya lejanos en los que veranear en la playa no era una rutina anual, recuerdo pasar largos períodos estivales allá.

La época daba igual, inevitablemente al levantarnos por la mañana mi abuelo se había marchado ya. Normalmente acudía a la hora de comer, aparecía en su bicicleta por el patio con el rostro y las manos impregnados de campo. Supongo que aquella hora de regreso era una concesión que hacía a sus nietos. Era un gran profesional, pero mejor persona.

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Hiciese frío o calor, lluvioso o seco, laboral o festivo, cada día mi abuelo se levantaba con el sol, cogía la bicicleta y se hacía 3 kilómetros hasta llegar a su plantío. “Siempre hay tarea que hacer” recuerdo oírle decir alguna vez cuando le preguntaban qué hacía tanto tiempo en el campo. Plantar, recoger, regar, quitar rastrojos, pintar la “casilla”… así, día tras otro, contento, hasta más allá de los 80 años, cuando un día se cayó de la bici por un mareo y el médico le prohibió cogerla por carretera. Creo que su salud no se la quitaron los años, sino el no poder hacer lo que le gustaba.

En Septiembre, si no mediaba plaga o desgracia climatológica, recogían las uvas. Se le veía feliz y orgulloso al obtener fruto de su trabajo anual. Nunca hablaba de dinero, en ningún caso era mucho, una cantidad que oscilaba entre lo justo para vivir o para tener un año de tranquilidad. Él siempre hablaba de cosecha. Y sólo se le escapaba el orgullo cuando hablaba de una cosecha excepcional debido a una alineación de factores que sin su trabajo constante nunca se habrían podido dar.

Era otra mentalidad alejada del cortoplacismo actual. Por eso no puedo evitar acordarme de mi abuelo cuando pienso en mi cambio profesional, o cuando pienso en cualquier persona en una época de transición laboral. En época de transformación no hay nada mejor que aplicarse la mentalidad del labrador. Sólo cambia el fruto a recoger, donde mi abuelo tenía uvas, otros tendrán una determinada posición dentro de una deseada empresa, una idea emprendedora, un producto que crear…

Eso es lo primero: tener claro el fruto que se quiere recoger. Después sólo cabe trabajo, constancia y paciencia: mentalidad del labrador. De nuevo hablo por experiencia cuando digo que durante una fase de cambio quizás uno se puede dar el lujo de estar desempleado pero nunca el capricho de estar parado, porque a fin de cuentas, cuando se desea algo, como decía mi abuelo “siempre hay tarea que hacer”. La realidad es que cualquier área profesional tiene mucho de sembrar, regar y quitar rastrojos. No hay fórmulas secretas, sólo aplicar esta receta con constancia si se quiere obtener una buena cosecha, y si no se obtiene asegurarse que la culpa sea de la climatología u otro factor fuera de tu área de influencia.

No hay fórmulas secretas, mentalidad del labrador, ser un gran profesional y mejor persona. Gracias abuelo.

Jesús Garzás

2 Comments

    • Para qué vas a robar, si ya te la dejo yo :) Gracias por seguir el leyendo el blog!

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