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No diga retención del talento, diga motivación

No me gusta la palabra retención aplicada al talento. Qué le vamos a hacer, puede que no sea para tanto, ojalá todos los problemas a los que nos enfrentamos fuesen únicamente una cuestión de elegir bien el vocabulario. Pero dejadme que hoy me ponga un poco tiquismiquis.

Si le dedico un post al tema es porque creo que, en este caso, es fácil de cambiar esa denominación y, lo más importante, con ella la intención desde la que se gestiona esta tarea, que es, en definitiva, el quid de la cuestión.

retención de talento

Retención no es una palabra bonita, así de primeras me sugiere la pesadilla del tráfico en hora punta, y la raíz de los problemas de sobrepeso de mi tía Paquita. Cuando hablamos más concretamente de retención del talento, lo que me sugiere es una serie de políticas para impedir que los mejores empleados se vayan. Y ahí es donde me chirría la cosa. El mensaje debe ser que los mejores empleados estén contentos, felices, realizados…. Ese es el único camino, porque no conozco a nadie que quiera dejar un trabajo con el que está muy motivado.

Ni se pueden poner puertas al campo, ni se puede retener el talento. El talento debe vivir en libertad porque es como mejor puede expresarse.

Al igual que otros términos también mejorables ( por ejemplo, la propia denominación de departamento de “Recursos Humanos”) pueden resultar más difícil de modificar porque viven instalados desde hace mucho tiempo en el imaginario colectivo, el caso de la “retención del talento” es una práctica relativamente reciente y creo que, si insistimos, y nos ponemos pesados, como yo, estamos a tiempo de cambiarlo.

Retener el talento suena a contención en el mejor de los casos, y a chantaje en el peor, si me pongo melodramático. Por mucho que lo lleve al extremo… no es desde luego una cuestión hipotética, ya escribí hace tiempo que en las grandes empresas una de las maneras más tristes de ver morir la motivación es encerrarla en jaulas de oro.

Gestionar desde la retención te posiciona, consciente o inconscientemente, en un punto de partida que podemos definir como reactivo e incluso como negativo. Y creo que se trabaja mejor desde lo positivo y siempre orientados a construir. El objetivo no es impedir que se vaya el talento, es conseguir que esa posibilidad ni se le pase por la cabeza. Gestionar desde la retención, es casi gestionar en contra de su voluntad, como si el fin importase más que los medios.

Yo quiero que el talento se quede en mi empresa, pero para que fluya y se desarrolle, no para que se marchite.

Por eso trabajar en la motivación significa trabajar en la buena dirección. Significa, apoyándome en los estudios de mi muy leído Daniel Pink, trabajar en un entorno de trabajo donde la autonomía, la maestría y el propósito se cuidan para que el talento crezca. Y a esta tripleta, ya siempre añado los valores… porque cuando los valores del empleado y la empresa no están alineados, aquella mezcla puede acabar, citando a una famosa “filósofa” socorrista, liándola parda.

Hablemos pues de como motivar a los empleados, de generar entornos creativos y de desarrollo profesional donde el talento florezca en libertad, de definir unos valores y un propósito que produzcan orgullo de permanencia.

Entonces y sólo entonces la palabra “retener” podrá desaparecer de nuestro vocabulario porque el hecho de que el talento se quede en nuestra empresa dejará de ser un objetivo, será sencillamente una lógica consecuencia.

 

 

Carrot and Stick by Luis Prado from the Noun Project

Jesús Garzás

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