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¿Objetivos de equipo? ¿Y qué tal objetivos de colaboración?

La colaboración es algo que viene de serie con el ser humano, por mucho que haya gente que vaya siempre por su camino tratando de demostrar lo contrario. Es parte de nuestra esencia como especie, y yo también diría que la clave para extender nuestra supervivencia en este planeta (o fuera de él) por muchos más años.

En una empresa, cosas tan deseadas como unos buenos resultados a largo plazo y la felicidad de los empleados sólo pueden llegar a través de una buena gestión de las relaciones interpersonales.

¿Por qué no ponemos entonces objetivos que las fomenten?

Objetivos de colaboración

Cuando hablamos de felicidad nos movemos entre definiciones y opiniones muy subjetivas, terrenos normalmente inestables o demasiado etéreos. Por eso un estudio de Harvard cuyos resultados se hicieron públicos recientemente puede ser un gran aval a la hora de reflexionar sobre este tema. Su director, Robert Waldiger, es doctor en psiquiatría por la famosa universidad, y lo que sin duda hace especial esta investigación es que ha mantenido la misma línea durante 75 años incluyendo ya tres generaciones. El propósito del estudio es analizar aquellos factores que llevan al ser humano a vivir una vida sana, plena y sobretodo feliz. Y la conclusión a la que llegó es que la clave de la felicidad es tener relaciones humanas saludables y constructivas.

Si queréis adentraros un poco más en este tema podéis ver a Robert Waldiger contándolo en un charla TED

A pesar de todo el debate que puedan generar los resultados de cualquier estudio, desde mi punto de vista la conclusión es bastante acertada, o al menos muy cercana a la realidad que yo percibo. Por eso cabe más aún preguntarse que si la felicidad está basada en las relaciones saludables y constructivas… ¿Por qué en el entorno empresarial lo que fomentamos (y muchas veces premiamos) únicamente es la competencia?

Eso es lo que hacemos cuando ponemos el foco en los objetivos individuales. Eso es lo que hacemos cuando definimos unos objetivos de equipo, o de empresa, que en el mejor de los casos se conforman por la suma de individualidades en lugar de por su cooperación, y que en el peor de los casos están definidos a tan alto nivel que el empleado de a pie siente que su influencia en ellos es casi nula.

Si queremos apostar por la cooperación entre nuestros empleados debemos saber reconocerla y premiarla. Debemos hacer que sea parte del desempeño, debemos pues crear un nuevo tipo de objetivos que venga a sustituir los que hay o como mínimo añadirse a ellos. Hablo de los objetivos de colaboración.

Serían unos objetivos concretos, compartidos por un reducido número de personas para poder definir con detalles los comportamientos esperados y los entregables. Dentro de esta categoría habría a su vez dos subcategorías:

  • Objetivos de colaboración intraequipo : Aquellos que fomentan la cooperación en pos de un resultado determinado entre personas del mismo equipo.
  • Objetivos de colaboración intradepartamental: Aquellos que fomentan la cooperación entre personas de distintos equipos. Especialmente adecuados en aquellos entornos deteriorados por una cultura de silos.

Habría una tercera subcategoría en la que podríamos focalizarnos en todos los empleados a la vez, sacando partido de las nuevas herramientas sociales que nos permiten tenerlos a todos conectados. Se podría llamar:

  • Objetivos de colaboración intraempresa: Evidentemente serían aquellos que fomentan la cooperación entre personas de la misma empresa independientemente de su posición y su equipo. Seguramente valiéndonos de estrategia de gamificación que pudieran premiar a aquellos empleados más generosos. A aquellos que compartan más contenido útil con el resto, que se muestren dispuestos a ayudar a sus compañeros sin necesidad de que medie ningún interés laboral personal más allá del convencimiento de que la mejor manera de lograr un entorno generoso y colaborativo es empezar por uno mismo.

 

Cuando hablamos de colaboración es muy fácil optar por un papel de víctima y decir que todo el mundo es muy egoísta, todos menos yo, por supuesto. Decir que el ser humano es así por naturaleza y quedarse de brazos cruzados. Yo no vengo aquí a debatir ni a rebatir el componente genético de egoísmo que tiene nuestra especie, seguramente muy ligado al instinto de supervivencia. Sólo digo que los mapas mentales que configuran nuestro modo de comportarnos se construyen no sólo con nuestra naturaleza innata sino también con la educación que nos viene después, en casa, en la escuela y finalmente en el trabajo.
Y si bien a nivel genético las cosas no se pueden cambiar (mientras no deseamos una sociedad clónica), a la hora de hablar de educación hay mucho por transformar. No le echemos más la culpa al egoísmo de los demás, empecemos por cambiar el nuestro y después el de nuestro entorno.

Los tiempos están cambiando, y una de las partes más trascendentes de la tan cacareada transformación digital consiste precisamente en cambiar la cultura de competencia en las empresas por una de cooperación. Por eso hoy, más que nunca, creo que sinceramente una de las maneras de dar un paso adelante, de evolucionar sería algo tan sencillo y tan complicado a la vez como empezar a instaurar los objetivos de colaboración

 

 

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Jesús Garzás

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