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¿Ser bueno es malo?

Esta semana vengo con actitud beligerante.

En general intento ver todo con perspectiva y no hay demasiadas cosas que me hagan enfadar, pero cuando oigo a alguien criticar a un tercero esgrimiendo el argumento de “es que es muy buena persona” siento una tentación muy grande de ponerme a dar collejas.

En estos tiempos donde grandes personalidades de la vida política y social demuestran casi a diario una absoluta falta de ética y una pobreza moral recalcitrante, opino que la bonhomía no sólo no debe ser criticada sino que debe ser ensalzada y puesta como ejemplo.

No caigamos en el engaño de los logros a corto plazo mediante malas artes o seremos cómplices primero y víctimas después de ese desgaste ético y moral de nuestra sociedad.

 

angel_demonio

 

La frase “es que es muy buena persona” dicha como crítica suele ir dirigida en muchos casos a aquellos/as que ostentan mando y va en línea con una de esas grandes mentiras que por extendida hay quién acaba creyendo que es verdad, esa que viene a decir en términos técnicos: “para ser buen jefe hay que ser un poco cabrón”.

Nos encantan los estereotipos y lo anecdótico, profundizar es un rollo y a veces da dolor de cabeza. Sin embargo las críticas si no son constructivas no suelen ser de mucha utilidad excepto la de descargar un poco de inquina que si se deja dentro puede producir ulceras.

Como hablábamos la semana pasada, las opiniones deben estar basadas en comportamientos, por eso habría que centrarse en los comportamientos que se esconden detrás de la etiqueta “bueno”: le cuesta tomar decisiones dolorosas, trata de caer bien a todo el mundo, no se captan matices en su tono de voz cuando está enfadado, siempre cede al bien común en lugar de beneficiar a su equipo, etc…

Una vez expuestos los comportamientos y, por supuesto, el contexto en el que se dieron, se puede entrar a valorar si se deben mejorar y cómo hacerlo, algo que acompañado de una buena actitud estoy seguro que podría llevarse a cabo fácilmente. Esto, sin duda, sería lo más profesional.

Pero bueno, como he dicho que hoy vengo beligerante, voy a entrar al trapo y voy a hacer algo que no debería hacer: dar por bueno el juicio que alguien me pueda dar sobre un tercero, y creer que además existe una esencia buena o mala en cada uno de nosotros. En ese supuesto diré que prefiero mil veces una buena persona con defectos que una mala persona llena de virtudes. Que ser buena persona no va a incidir negativamente en un entorno laboral. Mientras una buena persona trabajará para mejorar y hacer mejores a los que les rodean, una mala persona no dudará en usar sus talentos para perjudicar a quién se cruce en su camino.

Diré también que prefiero tener a alguien amable, cortés y dialogante como jefe. Que con agresividad y falta de educación se podrán conseguir muchas cosas pero será mediante el amedrentamiento, haciendo uso inadecuado de la autoridad. Por tanto serán logros a corto plazo, porque a la larga la creciente desafección de su entorno les pasará factura.

En resumen, no creo que existan buenos o malos en un términos absolutos, no creo en bondades o maldades congénitas, pero desde luego tengo la certeza de que no es congruente esgrimir el hecho de ser buena persona como la raíz de un rendimiento laboral inadecuado. Por eso si te pones a criticar a alguien a mi lado con ese argumento no te extrañe que, como buen amante de la dialéctica que soy y haciendo gala de mi bonhomía, te suelte una colleja y me vaya hacia otro lado farfullando adjetivos de dudoso buen gusto.

Jesús Garzás

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