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Un tiempo para compartir… o partir.

Paco está casado, tiene tres hijos y lleva 20 años trabajando en una multinacional. Ha alcanzado una posición respetable dentro de su compañía a base de trabajar duro. Se enorgullece de ello ante sus amigos sin asomo de presuntuosidad, fue educado en la cultura del esfuerzo y el trabajo duro. Su madre le decía “el pan hay que ganárselo cada día” y él ha seguido a rajatabla ese consejo. Se considera un buen hijo, a pesar de ignorar otras enseñanzas maternas como “no salgas con el cuello descubierto en invierno y lleva siempre un pañuelo en el bolsillo por lo que pueda pasar”.

Paco está dispuesto a ayudar en sus compañeros de trabajo en sus tareas, es el alma del grupo en las fiestas de empresa y a la hora de la comida, siempre tiene el chascarrillo adecuado para cada momento. Es querido por todos. Podría ser un colega ideal si no fuera por un pequeño defectillo… no le gusta compartir conocimiento de su área de responsabilidad.

Paco aún no lo sabe pero en 5 años va a ser despedido.

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El feedback, rápido. Que se van las vitaminas.

De pequeño solía colocarme junto al vaso de zumo que me servía mi madre y entornaba los ojos muy, muy fuerte para ver si veía las vitaminas escapando por los aires. Estaba tan seguro de su existencia como entidades tangibles que una vez salió una capa de moho en el techo por culpa de unas humedades y yo estaba convencido que simplemente se trataba de un grupo de vitaminas que se habían acumulado allí. Mientras mi padre temía que se hiciese un agujero y apareciesen ratas, yo soñaba con la posibilidad de ver a Super-ratón aparecer en aquel rincón para supervitaminarse y mineralizarse

De mayor descubrí que las vitaminas no vuelan. Que sí, que son sensibles a la luz y al oxigeno y que pueden degradarse, pero que desde luego esta degradación no va a ser una cuestión de segundos, ni de minutos. Pero, sin embargo, debido a la repetición de la dichosa frase por parte de mi madre, si me preparo un zumo y no me lo bebo inmediatamente me siento culpable.

Esta reflexión tan peregrina viene a cuento de que hoy voy a hablar de feedback y que he pensado que si nuestras madres nos hubieran inculcado desde pequeño la importancia de darlo rápido, hoy seríamos capaces de hacerlo inconscientemente y muchos de los problemas con los que tenemos que lidiar en el trabajo habrían sido solucionados de antemano.

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