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Querer y poder

El efecto secundario negativo de tener un padre al que le gusta el coaching es que a veces está uno tan cegado con insuflar autoconfianza a su hijo, que no ve la realidad que tiene delante de sus ojos.

Querer y poder no es un nuevo culebrón para la sobremesa, es una anécdota real con mi hijo de protagonista. Sí, me estoy volviendo una especie de abuelo cebolleta versión padre, ya lo sabéis.

El otro día mi hijo tenía que subir un tramo de escaleras con su bicicleta y me pidió ayuda, a lo que yo le dije que ya era lo suficiente mayor para intentarlo él solo. Obviamente porque pretendía que reforzara su autoconfianza consiguiendo hacer algo que él inicialmente pensaba que no podía. Así que tras refunfuñar un poco y, sobre todo, tras deducir por mi lenguaje corporal que no iba a mover un dedo, decidió ponerse manos a la obra. Con algunas dificultades, y con muchos sudores bajo su casco ciclista modelo Hormiga Atómica, consiguió superar aquel tramo.

Ahí fue cuando yo le dije la manida (y enervante) frase de “¿ves?, si quieres, puedes”, a lo que él contesto muy enfadado: No me digas que puedo, papá

querer

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Relatos de verano: Las sandalias viajeras

El año pasado se me ocurrió la idea de sustituir en verano los habituales post de RRHH por unos relatos más refrescantes y acordes con la época. Así los más habituales podéis desconectar del trabajo sin desconectar del blog :)  Y si puedo, como quién no quiere la cosa, os cuelo algún tema de los nuestros para una posterior reflexión, en esta caso, la empatía. Espero que os guste el toque estival.

Sandalias

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Tengo la razón, no tengo nada

Nos encanta tener la razón. A mí el primero. Probablemente, junto al dinero, una de las posesiones más inútiles y que generan más conflictos.

Tengo la razón, me lo han reconocido, me han dado el premio. Y estoy tan exultante que ni siquiera me doy cuenta que, por el camino de satisfacer mi ego, he generado tensiones, he herido sensibilidades, he cerrado la puerta a nuevos puntos de vista y he perdido afectos.

Tengo razón no tengo nada

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El día en que empecé a ser mejor profesional.

A veces me gusta escribir desde un punto de vista más personal. Me produce cierto rubor no por lo que conlleva de exposición sino porque lo de ponerse a uno mismo de ejemplo puede ser signo de vanidad. Creo sinceramente que no es el caso, con mi carrera profesional en plena transformación, con un rumbo marcado en el horizonte pero sin haber alcanzo el objetivo que me he propuesto, desde luego no es tiempo de sacar pecho.

Lo quería dejar claro porque el artículo de esta semana no está basado en logros o en evaluaciones externas sino en mi propia percepción.

Después de varios cursos de liderazgo o de coaching, de diversas lecturas y de múltiples experiencias. Después de mucho escuchar, observar y reflexionar, un día descubrí un modo sencillo para ser un mejor profesional.

 

Helpfulmarco

 

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El efecto Fairy

Estamos en época de cenas de empresas y con ellas llega uno de los máximos retos a los que se enfrentan las personas situadas en alguna posición jerárquica por encima del empleado de a pie. No me refiero al control de su ingesta de alcohol, tampoco al uso comedido de esas supuestas dotes para el baile que podrían hacer perder el respeto de su equipo al más pintado ( o a la más pintada) y no solo durante el evento corporativo sino para siempre, y mucho menos hablo de los flirteos furtivos aprovechando la erótica del poder.

Todos estos retos, aunque también críticos, entran más dentro de la gestión del ámbito privado de cada uno. Al que yo me refiero es a uno de esos retos tipo “¿quién fue primero, la gallina o el huevo?” a los que se enfrenta el manager en la relación con sus colaboradores. Me refiero, tal y como dicta el título de este artículo, al “efecto Fairy”

Gota de Fairy EBC

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