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¿Estás comprometido con tu trabajo o comprometido con tu carrera?

Es bueno que se hable cada vez más del compromiso de los empleados o de su versión inglesa, el engagement, que no sólo suena mejor sino que tiene un sentido más adecuado en alguna de sus acepciones.

No hay empresa de prestigio que no lo mida y que no se jacte de poner en marcha acciones para fomentarlo y conseguir que el porcentaje de empleados comprometidos crezca año tras año. Ningún pero a este tipo de iniciativas. Sólo una observación, para ser un tan unánimemente considerado como crítico, ¿se invierte lo suficiente en él? Y no hablo de la parte económica (que obviamente tiene su importancia), hablo de expandir la cultura general sobre el tema.

¿Se informa al respecto? ¿Se consigue que el empleado lo vincule como algo que atiende a su propio interés tanto como al de la empresa? ¿Lo recompensamos o le otorgamos algún tipo de reconocimiento? Y lo más importante, ¿Sabemos identificarlo?

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¿Qué tipo de empleado eres? ¿MI, ME, DI o DE?

Sí, ya los sé, clasificaciones de empleados hay muchas y han dado para escribir muchos libros.  Por eso  hoy no pretendo ni reinventar la rueda ni crear una nueva denominación, sólo posicionarme y, sobre todo, adoptar una terminología que sirva de referencia para futuros artículos.

Creo que en  la vida en general, y en la empresa en particular, si quieres predecir el comportamiento de una persona debes indagar en sus motivaciones.

En mi opinión hay dos tipos básicos de empleados: los motivados y los desmotivados.  Y no parece que haga falta que os gastéis dinero en una llamada al futurólogo Sandro Rey para adivinar cuál de estos pienso que conviene tener a tu lado en el trabajo.

Sin embargo, como diría el capitán Nemo,  no nos quedemos en la superficie. Hagamos un poco de inmersión, lo mismo nos llevamos una sorpresa.

 

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