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Por una empresa libre de zascas

No me gustan los zascas. Por no ser tan tajante, diré que en un entorno de amigos quizás puedan servir para echarse unas risas. Fuera de ahí, comienzan a ser una lacra.

El zasca, para quién haya vivido aislado de las redes sociales y el mundo en general en los últimos años, es en teoría una réplica (verbal) ingeniosa que deja a tu interlocutor mudo, y en evidencia y, si es posible, al borde de querer cortarse las venas.

Los zascas buscan cada vez más reforzar el ego de quién lo emite o directamente hacer daño al que lo recibe, y por ahí mi relación con ellos se ha ido desencantando.

zascas

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Piense en ganar-ganar

¿Y si en lugar de pensar en lo que queremos obtener nos dedicamos a pensar por un momento en lo que podemos ceder? Pero no ceder en plan mínimas condiciones, ni con desidia, ni mucho menos con magnanimidad. Me refiero a ceder con generosidad de la buena, de esa que te produce picores en el cerebro antes de hacerla publica pero que te reconforta el corazón cuando ves la reacción de la otra parte.

¿Y si en lugar de tirar de nuestro lado de la cuerda cada vez con más fuerza decidimos soltar un poco para evitar que se rompa? ¿Y si empezamos a cambiar el egoísmo cerril por egoísmo inteligente? Ese que sabe perfectamente que llegar a un punto en el que todos ganan es la manera más fácil de asegurar tu porción de victoria.

¿Y si empezamos a pensar en ganar-ganar?

win-win

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