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Working from home … con mayor motivación.

El tema de hoy es de esos en los que la legislación laboral va unos cuantos años por detrás de la realidad, lo que nos lleva a un escenario proclive a la indefinición, la creatividad en la elaboración de eufemismos, la presencia de chapucismos, las medias tintas, los subterfugios y en definitiva toda una serie de argucias que una persona ajena a estos debates encuadraría en algún lugar entre lo surrealista y lo infantil.

Me voy a permitir parafrasear la estructura de los famosos tuits de @TaboadaLucia para resumirlo de la siguiente manera: Si los extraterrestres observaran las reuniones de RRHH para la gestión del working from home sabrían que somos una especie fácilmente conquistable.

workinghome

Polémicas aparte, el “working from home” es una de las mejores cosas que el siglo actual y la tecnología han traído al mercado laboral. Y, si pudiera estar allí para verlo, apostaría a que en el 2.100 las oficinas mastodónticas quedaran como reliquias arquitectónicas que alojarán en su seno viviendas para hipsters del siglo XXII. Pero tranquilos, aún nos quedan 85 años hasta llegar ahí.

Son muchas las ventajas del “working from home” y, a pesar de lo que algún empresario desfasado pudiera pensar, sobre todo a nivel de beneficio económico. Por obvias razones hay ahorro en costos de infraestructura pero además este sistema aumenta la productividad. La formula es sencilla, el empleado motivado produce más y mejor.

Y es que cuando hablamos de motivación dos de los factores que más importancia tienen son la autonomía y el respeto a los valores individuales. Y uno de los valores más extendidos y honrados por los trabajadores es la familia. Autonomía y conciliación conforman la esencia del working from home para el currito de a pie.

Atajemos y paremos cuanto antes los debates del tipo “es que si trabaja desde casa se va a tocar las narices a dos manos”, si de verdad alguien piensa eso de un empleado el problema no es desde donde trabaje si no la falta de confianza y las razones por la que esta existe. Simplifiquemos: un empleado comprometido, responsable y motivado trabaja bien desde la oficina, desde casa y desde la sala del postoperatorio de un hospital, y un empleado irresponsable y desmotivado trabajara mal desde su casa, desde la oficina y desde Pernambuco. De hecho, casi que cuanto más lejos de la vista de los compañeros mejor, porque si su conducta es esa sólo servirá para irritar a los demás.

Desde mi punto de vista, tanto las empresas como la legislación deberán cuanto antes adaptarse para dividir los tipos de trabajo en dos: los que se pueden hacer desde casa y los que no. Y si son de ese primer tipo, entonces no caben medias tintas, será un derecho que podrá ejercerse cuando y cuanto el trabajador estime necesario.

Más elementos comunes que se salen en estos debates “¿y si no acude a una reunión cuando es necesario?”, “¿y si no contesta al teléfono cuando es necesario?”, “¿y si no entrega lo pactado?”…. Pues bien todos estos comportamientos y la mayoría de los que se os puedan ocurrir no pueden achacarse a trabajar desde caso sino que son indicadores de bajo rendimiento. Traerlos de vuelta a la oficina no los erradicará, simplemente los meterá en otro contexto. Quizás el “working from home” sirva también para esto, para desenmascarar actitudes de bajo rendimiento.

Porque apostar por el “working from home” es también apostar por un tipo de trabajador maduro y responsable de sus actos, que no necesita de ningún manager-profesor que le vigile y le recuerde que tiene que entregar los deberes. Es apostar por un modelo que se aleje del concepto colegio-empresa con el que durante mucho tiempo hemos sido (y continuamos siendo ) mal-educados

Jesús Garzás

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