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Educar en la gestión de la incertidumbre

Cuando pienso en el futuro laboral de mi hijo de 6 años, me resulta complicado adivinar qué opciones tendrá en el mercado en 15 o 20 años.

Espero que me deje poner mi experiencia como orientador a su servicio para ayudarle a dirimir las primeras incógnitas: ¿qué es lo que más le gusta? ¿Qué actividad está más alineada con sus valores?

Eso será un buen punto de partida para comenzar su andadura profesional, pero a partir de ahí, de entre las herramientas / competencias que le harán más confortable ese viaje, surge una que se me antoja imprescindible: la gestión de la incertidumbre.

incertidumbre

No hace falta tener 6 años, todos nosotros estamos a las puertas de un futuro cada vez más impredecible. El concepto de empresa para toda la vida de nuestros padres se deshace como un azucarillo, y la alternativa no pasa por negarlo ni por mirar para otro lado, lo más sano es estar preparado para lo que pueda (o no) venir. Nadie desea hacerse una herida, pero no por ello rechaza la necesidad de tener cerca un botiquín.

La rapidez con la que se suceden los cambios tecnológicos le cambia la cara a nuestra sociedad a marchas forzadas, y esto es una tendencia que lejos de estabilizarse tiene pinta de acelerarse cada vez más. En este escenario lo más recomendable, para todos aquellos que carezcan de las dotes proféticas de Nostradamus, es aprender a vivir con la incertidumbre.

La incertidumbre tiene muy mala fama, adquirida fundamentalmente por razones biológicas. Y es que a nuestro cerebro le gusta pisar terreno conocido. Pero la gestión de la incertidumbre tiene muchos beneficios asociados, el primero es que nos evita ir por la vida con el piloto automático. Dicho de otro modo, cuando el futuro se constituye como una nebulosa indescifrable, se hace más necesario que nunca poner el foco en el presente.

Y sinceramente, teniendo en cuenta que el presente es el único lugar donde realmente sucede nuestra vida, tener ahí nuestro foco no es una mala práctica.

¿Qué puedo hacer aquí y ahora para ser mejor profesional? Entender cada día como una ocasión para aportar valor sin apartarte de tus valores es un hábito sensacional.

A ver, que yo soy el primero al que de vez en cuando me gusta sentarme en el sofá de casa pensando que las cosas más importantes de mi vida están bajo control. Pero, incluso cuando eso ha sucedido (ya no me acuerdo) esa sensación era falsa, porque las peores cosas siempre ocurren de forma inesperada.

Además del foco en el presente, otro modo de educar la incertidumbre puede ser cambiar de hábitos. Todos tenemos cosas que podemos mejorar, pero no encontramos el momento adecuado para hacernos cargo. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy es un mantra válido para el monitor del gimnasio de la incertidumbre.

Que las personas somos seres vulnerables es algo que viene implícito en nuestra propia naturaleza, por eso demostrarlo de vez en cuando no tiene nada de malo, todo lo contrario. Exponerse de vez en cuando, atreverse a hacer algo que sabemos que es bueno para nosotros pero que no intentamos por culpa de algún saboteador disfrazado de alguna clase de miedo, puede depararnos un agradable resultado… y en el peor de los casos nos quedaremos igual que estábamos pero con nuestra gestión de la incertidumbre más entrenada.

La mejor manera de perder el miedo al cambio es entrenándolo.

La incertidumbre mantiene despiertos nuestros sentidos, nos hace estar más vivos, acelera el riego sanguíneo. Sin incertidumbre la mayoría de los progresos de la historia del ser humano no se hubieran producido. Ese entorno VUCA del que tanto hablamos ahora es eso que los hombres prehistóricos llamaban “nuestro día a día”.

La cuestión no es cómo eliminamos la incertidumbre, sino cómo la gestionamos. Y esto, como casi todo, se adquiere con la práctica.

 

 

risk taking by Bold Yellow from the Noun Project

Jesús Garzás

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