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Ojo al dato

Vivimos en la era del dato, no cabe duda. El dato es la gasolina que alimenta las nuevas tecnologías que están cambiando el mundo: Inteligencia Artificial, Internet de las cosas, … El dato es el oro del S. XXI que se disputan los grandes gigantes tecnológicos.

Pero, ojo al dato, porque, a diferencia del oro, el dato no vale nada si no sabemos darle forma. Es una materia prima que abunda por el mundo y por las empresas, pero que, sin transformar, en bruto, tiene menos utilidad y menos valor que la arena en el desierto.

El dato se crea y se destruye, pero únicamente tiene utilidad cuando se transforma. Y, aunque todo se andará, esa labor de pensar en que queremos transformarlo recae en los humanos.

dato

El dato tiene fundamentalmente valor cuando sirve como sustrato para tomar una decisión importante. Cuando convierte opiniones subjetivas en objetivas.

Por si solo, el dato no tiene valor al peso, pero cuanto más tenemos, más fiable se vuelve la información que nos proporciona.

La tentación o la inercia muchas veces nos lleva a comenzar desde el dato el camino de su transformación en información: Dadas estas cifras a qué conclusiones puedo llevar. Pero, en mi opinión, la manera más eficiente de trabajar es desde la decisión: Dada esta decisión, qué datos tengo que trabajar para llegar a una conclusión lo más ajustada a la realidad.

Ocupamos mucho tiempo en trabajar los datos y poco en pensar en qué nos pueden ser realmente de utilidad.
En un futuro, ya presente, las máquinas son capaces de proporcionarnos respuestas en poco tiempo, pero las preguntas, las buenas preguntas, las que marcan la diferencia, se las tenemos que seguir haciendo nosotros. La calidad del algoritmo que planteamos a la máquina no va a venir definida por la complejidad del mismo, sino por la claridad que aporte su resultado.

¿A qué conclusión pretendo llegar yo? Pues que observo que últimamente, cada vez más, dedicamos mucho tiempo a analizar el dato, pero poco a hacernos las preguntas previas. La inercia de la sociedad de las prisas nos lleva a la acción antes que, al pensamiento, y lo que es peor, pensar se ha convertido en un hábito que puede ser hasta mal visto, no ya por los demás (que nos debería dar igual), sino a veces por uno mismo. (esa vocecilla que te dice que no pierdas más tiempo cuando en realidad lo estás ganando)

La capacidad de pensamiento estratégico, clave en estos tiempos de cambio, se reclama y se proclama a los cuatro vientos, pero sin generar el hábito de ponerse a pensar veo difícil su desarrollo… hablaremos en el mejor caso de inspiración estratégica, y en el más coloquial, de idea felizmente estratégica.

Puede tener sentido que “Data & Analytics” aparezca la primera en la lista de los deseos de las materias de formación, no es eso lo que pongo en cuestión. Es más bien la necesidad de poner por delante, al menos en prioridad, no necesariamente en inversión de tiempo, el pensamiento estratégico. Y, sobre todo, lo más importante ser capaces de ubicar en nuestra jornada laboral el tiempo para la reflexión.

Vivimos en una sociedad de prisas por llegar a los mismos sitios de las mismas maneras. La inercia, la ausencia de cambios, nos aboca a callejones sin salida de corto recorrido.

El pensamiento, ese momento de paz y concentración que hace tiempo que está en peligro de extinción en las empresas, es el que nos puede conducir a encontrar itinerarios alternativos, más eficientes, más alineados con las novedades que a diario transforman nuestra sociedad.

El dato, sí, es nuestro amigo. Pero si no le buscamos un buen plan … preferirá buscarse una mejor compañía.

 

 

data analytics by Eucalyp from the Noun Project

Jesús Garzás

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