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Expresiones prohibidas en la oficina: No tengo tiempo.

Que conste que estoy a favor de la libertad de expresión y que creo que las prohibiciones en muchos casos pueden conseguir un efecto contrario al deseado. Creedme, tengo un pequeño de casi dos años que se encarga de demostrarme empíricamente que la psicología inversa funciona de manera innata en los humanos.

Aquí utilizo simplemente el término prohibido como un foco, como una alarma si se quiere, un resorte que haga que en nuestro cerebro se active un recordatorio cada vez que estamos deponiendo responsabilidad sobre nuestras decisiones.

 

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Si alguna vez presido una empresa pondré por contrato que se descuente un euro de la nómina cada vez que un empleado utilice la frase “No tengo tiempo”. Con el dinero recaudado a lo largo del año organizaremos la fiesta de Navidad y, posiblemente, los primeros años la celebremos en el Ritz.

Después de “Mi perro se ha comido los deberes”, “No tengo tiempo” es la excusa más utilizada en la historia de la humanidad. Por eso no conviene pasar de puntillas por ella o simplemente recibirla con una sonrisa burlona, debemos reflexionar sobre lo que significa.

El tiempo, a nivel empresarial, es el mismo para todo el mundo, si estamos “En buena compañía”, que es de lo que hablamos aquí, son unas 40 horas semanales y unas 2000 anuales. Así que cuando utilizamos la frase de marras, de lo que hablamos realmente no es de la cantidad del mismo sino de su gestión, de la gestión de nuestras prioridades, o, como yo prefiero llamarlo, de la gestión de nuestros compromisos.

Cuando decimos que “no tenemos tiempo” estamos cargando sobre una magnitud física impersonal una responsabilidad que deberíamos cargar sobre nuestros hombros. Hay varios motivos reales que inconscientemente encubrimos con esta frase, hagámoslos patentes, estudiémoslos y de este modo tendremos menos posibilidades de un incurrir en ellos de nuevo.

- No tengo tiempo = No he gestionado bien mis prioridades: Este es tan genérico que casi cubre todos los supuestos, pero el hecho de de enunciarlo de este modo es mucho más aceptable puesto que nos sitúa al mando y nos otorga la posibilidad de corregirlo a través de una buena gestión.

- No tengo tiempo = No me motiva y lo estoy postergando (indefinidamente). Analizar este daría para un nuevo post, lo importante aquí es darse cuenta y utilizar este conocimiento para futuras ocasiones, gestionando en el presente la tarea como un compromiso, es decir, buscando la motivación no en la propia tarea en sí sino en el cumplimiento de nuestra palabra.

- No tengo tiempo = Asumo demasiado. Aquí lo importante es saber si asumo demasiado porque no se decir “no” o porque no sé delegar, y , a partir de ahí, tomar las medidas adecuadas en cada caso.

- No tengo tiempo = No me da la gana (no me sale de los relojes). A veces la razón de no tener tiempo es que por debajo de eso hay un desacuerdo tácito. Este caso resulta paradójico porque cuanto más tardemos en hacerlo explícito y más usemos la excusa “no tengo tiempo”, más tiempo de las partes implicadas estaremos desperdiciando.

Seguro que hay muchos motivos más encerrados dentro de esta manida expresión, lo importante aquí, y la reflexión a la que pretende llevar a este artículo es que no debemos aceptar de los demás, y mucho menos de nosotros mismos, la frase “no tengo tiempo” como eximente de no haber realizado un compromiso. Debemos profundizar en ella y sacar algún tipo de aprendizaje… y si no profundizamos, por favor, no lo hagamos nunca, pero que never ever, aludiendo a que no tenemos tiempo :)

Jesús Garzás

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