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Si quieres transformar… ¿qué quieres eliminar?

Eliminar es quizás un verbo demasiado contundente, aunque precisamente por eso le puede venir bien al título y sonar más atractivo.

El caso es que no sé si por positivismo, “buenismo”, o por alguna otra razón inconsciente cuando hablamos y, sobre todo, cuando planificamos cualquier tipo de transformación nos solemos centrar en los nuevos elementos que traerá consigo el cambio. ¿Pero qué pasa con aquellos que van a desaparecer?

transformar

Las perdidas llevan normalmente asociado un sentimiento de tristeza e incluso, dependiendo del apego, pueden crear traumas, pero creo que sólo podemos hablar de transformar con propiedad si hay algo en nuestro escenario actual que necesitamos reemplazar. Y reemplazar significa que en algún punto más cercano o lejano en el futuro tendrá que desaparecer… no conviene obviarlo por mucha pena que nos dé.

Y es que toda esta introducción viene al hilo de que el éxito o el fracaso a la hora de transformar radican en esa eliminación. Tanto si hablamos de procesos, como de valores, como de herramientas, tenemos la tendencia de mantener lo antiguo el máximo tiempo posible por la sensación de falsa seguridad que nos genera.

En la mayoría de los casos la convivencia del modelo nuevo y el antiguo tienen sentido… pero lo ideal es que esta situación se defina de antemano con fecha de inicio y fin, de modo que se mantenga el menor tiempo posible. Alargarla en lugar de proporcionarnos una red de seguridad lo que genera es un amarre donde cimentar nuestra resistencia al cambio.

El ser humano es un animal de costumbres y en la mayoría de entornos donde convivan lo tradicional y lo nuevo, habrá una gran cantidad de gente que prefiera la comodidad de lo que conoce bien a las ventajas de aquello que debe aprender. El refrán “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” es un mantra al que se agarran muchas organizaciones.

Incluso para aquellos “early adopters” con mentalidad más abierta al cambio, tampoco veo ninguna razón para mantener lo antiguo… sería como cambiar de pareja, pero tener que seguir conviviendo con tu esposo/a… una situación poco agradable para todos los implicados.

Así que no conviene dar por finalizado ningún proyecto de transformación mientras no hayamos eliminado lo que queríamos cambiar/mejorar. A menudo esta decisión servirá de empuje a los que están más abotagados para tener que abrazar el irremediable cambio, si quieres que un mono se anime a cambiar de liana, no hay nada mejor que cortar la que tiene entre las manos.

Transformar implica mirar hacia nuestra espalda solo lo justo, por eso cuando menos conservemos de lo antiguo en la acción de cambiar menor será también la tentación de volver la vista atrás. “Así se ha hecho siempre aquí” es la frase que abanderan los defensores de la resistencia al cambio, por eso la expresión “romper con el pasado” representa algo más que un gesto simbólico, es la manera literal de soltar ese lastre que detiene el progreso.

¿Tienes un proyecto de transformación entre manos? Averigua que es eso que tienes que erradicar para dejar sitio a lo nuevo, crea un hito clave y asígnale una fecha visible desde el principio para todos los sponsors…

…Ah, y no creas a los que se refieren a este tipo de acciones como “cabos sueltos”. Hay proyectos que han muerto ahorcados por uno de esos cabos.

No tiene por qué ser traumático, no tiene por qué ser radical, no tiene por qué ser carente de sensibilidad, pero una vez eres consciente de que algo tiene los días contados en la organización… asegúrate de contarlos y ponerlos en tu planificación.

 

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Jesús Garzás

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