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Conciliación con satisfacción

El pasado 4 de septiembre tuve la oportunidad de experimentar qué es eso de llevarte a tu hijo a la oficina. He pensado que podría ser interesante compartir dicha experiencia aquí en el blog. Poner un poco de luz sobre un tema que muchos idealizan y que otros tantos ven incompatible con una jornada laboral normal.

Empecemos por la pregunta clave. ¿Lo recomendaría? Sin lugar a duda, sí. Aunque por supuesto no sólo hablaré de los “pros”, unos más obvios que otros, sino también de los “contras”, que ya aviso que no son demasiados.

conciliación

La experiencia vino enmarcada dentro de unas jornadas de Transformación Digital para padres e hijos que organizamos en Talenttools. Una mirada a las tripas de la tecnología, pero desde un punto de vista que mezclaba lo lúdico y lo didáctico, una combinación que no debería faltar en la escuela y que en la empresa tiene también cabida. En este caso era una sesión piloto de unas dos horas, con lo que además de compartir esta formación, el reto era que mi hijo pasara el resto del día conmigo en la oficina, sin que mi actividad se viera totalmente paralizada. Están son las conclusiones:

Lo más positivo – Sin duda romper la barrera opaca que supone para nuestros hijos esa cosa que hacen sus padres llamada “trabajo”. Para un niño de 4 años como el mío, y cuando su padre no se dedica a una tarea artesanal o clásica, resulta difícil imaginar qué es eso por mucho que se lo intentes explicar. Ellos se fían realmente de lo que ven. Y lo que suelen ver los niños, y aquí no soy una excepción, es llegar a sus padres cansados por las tardes, a veces cogiendo llamadas de teléfono a deshoras con cara de preocupación, a veces concentrados en el ordenador sin poder hacerles caso…. En fin, que no reciben muchos estímulos positivos de ese sitio misterioso llamado “trabajo” al que sus progenitores se marchan cada mañana. Mi hijo goza de la particularidad que tanto su madre como su padre hemos convertido nuestra vocación en trabajo, hacemos cosas que nos gustan… pero ni por esas. Hace unos meses, en una de esas noches en las que le cuesta conciliar el sueño, se puso a llorar, y nos dijo que él no quería hacerse mayor porque no quería tener que ir a trabajar. Más allá de la anécdota nos dejó un poso de preocupación… de querer transformar esa visión negativa que tenía sobre el mundo laboral. Pues bien, gracias a la actividad del otro día, parece haber empezado a cambiar de opinión. No sólo ha conocido mi trabajo, si no que ha visto que tanto él como yo podemos pasárnoslo bien allí. Ayer mismo me preguntó que cuándo podía volver a ir a trabajar conmigo.

Los datos – Los más preocupados por la estadística se preguntarán hasta que punto afecta la presencia de un hijo en la oficina al rendimiento. Obviamente el tiempo que compartimos en la formación fue productivo para los dos. Y en las seis horas restantes … para los que necesitéis cifras haré una estimación y diré que creo que rendí al 60% de un día normal. La pregunta es: ¿Merece sacrificar el 40% de la productividad de un trabajador a cambio de conciliación? Pues si ponemos al otro lado de la balanza lo que se obtiene en retorno: mayor motivación, compromiso, bienestar…. A mí me salen las cuentas. Respecto a la logística no se necesitan grandes esfuerzos: dale a un niño una sala de reunión con lápices y libretas y, sobre todo, con otros niños… y se lo pasará pipa. Como curiosidad, me llevé la tablet en la mochila por si la cosa se ponía mal… y no tuve que sacarla.

Lo menos positivo - Por no ponerlo todo de color de rosas…. Creo que la mayor contra de llevarte a tu hijo a la oficina es que ese día no puedes mantener reuniones importantes. Los niños son impredecibles y puede interrumpirte en cualquier momento sin importarle lo que estés haciendo. Aunque es fácil poner la tirita antes de hacerse esa herida: basta con organizar tu calendario con antelación evitando encuentros claves durante esta jornada. Una contra adicional, si tienes problemas de colesterol, es que ese día te va a tocar ir a comer al Burguer King.

En resumen, si la vida pasa rápido, la niñez de nuestros hijos es una estrella fugaz. Cada momento memorable con ellos es oro y además una pieza clave para los cimientos de esa persona adulta en la que el día de mañana se convertirán. Poder romper ciertas barreras, poder alumbrar las zonas oscuras de su imaginación es además un valor añadido. Solamente por eso creo que el hecho de llevar a tu hijo a la oficina en los días que no tiene cole no deberíamos etiquetarlo más como conciliación sino como oportunidad. Así que después de la experiencia vivida mi recomendación es que, si tu empresa tiene el espacio y posibilidad para hacerlo, no perdáis la oportunidad de pasar un día con vuestros hijos en el trabajo.

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First Steps by Jessica Lock from the Noun Project

Jesús Garzás

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